El paso del mito al logos
La profanización en la Grecia antigua
04-nov-2009
Ezequiel Torres
La variación de las formas de concepción del mundo se ve determinada por los cambios que dan en las sociedades. El contacto entre diversas culturas y las modificaciones que sufren dentro del ámbito económico y político llevan a la proliferación de ideas que componen concepciones predominantes, siempre destinadas a ser reemplazadas por otras nuevas con el correr del tiempo.
Así, se aprecia a escala general como los mitos fueron progresivamente dejados de lado, en la medida que perdieron los elementos que les daban su carácter explicativo, y en tanto los cambios en la vida socioeconómica de las culturas llevaron a la crítica de aquellos.
En Grecia, la escritura de los mitos y su entrada a las redes de la comunicación, considerando que su difusión originalmente se realizaba de forma oral, causaron que se los analizara y pusiera en tela de juicio, lo cual, conforme al desarrollo de la razón y a la modificación del contexto, llevó a la gestación de la filosofía antigua.
Dionisos y Apolo
Friedrich Nietzsche abarca la cuestión helénica en su ensayo “El origen de la tragedia”. La cultura griega se caracteriza por la encarnación de las cualidades en deidades: los dones artísticos, según el autor, se representan en las figuras de Dionisos y Apolo.
Dionisos, el dios del vino, implica el carácter de la fiesta, la embriaguez y la inconsciencia. Bajo su influjo, el hombre pierde la noción de su individualidad y cree restituirse así con la Unidad primordial de la Naturaleza, cuando en realidad se acerca a la muerte: su arte carece de forma, busca la exaltación y la compenetración con la alegría y la violencia sin rumbo ni control.
La relación que unía a Grecia con el Asia Menor hizo que la primera pudiera tomar del continente fiestas y celebraciones que hacían gala de ese espíritu dionisíaco totalmente libre: la euforia sin mediación de la razón moral de ellas llevaba a la orgiástica rotura de las restricciones del parentesco, costumbre de la que el mundo heleno se vio resguardado por la presencia de Apolo.
Apolo, dios de las artes plásticas, de la música, la razón, el Sol y la medicina, apuntaba a la perfección de la forma y a la trascendencia del plano de las apariencias para hallar la verdad y la belleza. La unión de su influencia con la de Dionisos da un paso hacia la racionalidad, en cuanto el impulso apolíneo se erige por encima del dionisíaco y reprime su accionar puro a través de la moral propia de la razón, moderando los estímulos inconscientes e inmediatos del dios del vino y quitándoles el efecto de fatalidad y caos que generarían si no estuvieran contenidos por él.
La lucha de la justicia contra la barbarie
La génesis de la Guerra de Troya, relatada por Homero, narra el enfrentamiento entre las diosas Afrodita, Atenea y Hera para saber quien era la más bella, por obra de Eris, la Discordia. La indecisión sobre cúal era la vencedora lleva a pedir ayuda en el mundo de los mortales: Afrodita, como diosa del Amor, ofrece al príncipe troyano Paris la más hermosa de las mujeres a cambio del voto a su favor, contra el poder y la habilidad ofertadas por las otras dos. El troyano acepta el don de la primera, y con el secuestro de Helena, la esposa de Menelao de Esparta, se da inicio a las hostilidades y el conflicto bélico en Ilión.
La participación de los dioses en la batalla, en apoyo a uno u otro bando, se debe a la inclinación de las divinidades griegas a la satisfacción de sus intereses. Afrodita, al estar de lado de los troyanos, comprende la representación del accionar de Paris como un acto de barbarie irracional, ya que aquel, extasiado por la posibilidad del goce y de satisfacción de un placer meramente físico y estético, condena a su patria a la destrucción por parte de los griegos, que encabezados por la inteligencia de Atenea y la virtud vengativa de Hera logran la victoria.
Efectos de la profanización
La desaprobación de los mitos como justificaciones válidas de los eventos que excedían a la comprensión, y el avance de la virtud de la razón y la inteligencia -Apolo y Atenea- por sobre el placer físico desmesurado -Dionisos y Afrodita- muestran como se produce la profanización de una mirada irracional del mundo a otra afirmada en la comprensión orientada hacia la metafísica.
Debido a esto, la filosofía antigua -precedida por la escritura de los mitos como en la Orestíada de Esquilo, y sistematizada en primera ocasión por Platón en diálogos como El banquete y Fedón- tiende a la negación del cuerpo, entendiendo por aquel al disfrute del lujo, de los honores y de la riqueza que se gestan en el placer mundano. El goce se afianza en el plano de las apariencias del mundo tangible, donde todo se sujeta a los cambios temporales, y por lo tanto, no lleva a la Verdad sino que contribuye al alejamiento de la razón.
El paso del tiempo permitió que la metafísica se instituyera, al principio vinculada a sus raíces y luego desligada de las nociones mitológicas, para asumirse firmemente en el logos y contribuir al desarrollo del pensamiento y la conciencia.
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